Terremoto, volcanes, tsunamis, incendios...
La noticia de un cataclismo o de una catástrofe natural siempre nos afecta. Nos toca más si ocurre cerca de nosotros o si el número de afectados, entre desplazados, heridos y fallecidos, es elevado, o si afecta a un colectivo hacia el que sentimos más afinidad o cercanía. Los terremotos han existido toda la vida, pero cuando ese fatídico número de la escala de Richter supera el 6, la destrucción suele ser muy dramática y nos provoca miedo, empatía y sufrimiento.
Desde el punto de vista humano, ¿qué explicación hay? Los geólogos nos hablarán de la Tierra y sus ciclos, y realmente es así. Los astrólogos nos dirán que vienen épocas de cambio, que esta destrucción dará lugar a una renovación necesaria y que los astros ya lo indicaban hace mucho. Los ecologistas verán en estos desastres las consecuencias de nuestros abusos hacia la Tierra. Envenenamos las aguas, generamos toneladas de basura y la tiramos en cualquier parte, especialmente en los países pobres o en el mar.
Creo que todos tienen parte de razón, pero hay más. Los más conspiranoicos afirmarán que las grandes empresas y los gobiernos que las avalan y protegen quieren generar miedo, dolor y dependencia; que los terremotos y cualquier catástrofe natural han sido fabricados con claros objetivos de robarnos la paz, la salud, el dinero y la fe, entre otras cosas.
En mi caso, ignorante y sin formación alguna en estos terrenos, acudo al corazón y conecto con la sabiduría del universo. En esa conexión me permito sentir —lo más objetivamente posible— cuáles son las razones espirituales profundas por las que esto sucede y cómo afrontarlo. La diferencia en el punto de vista es esencial porque la visión espiritual de los acontecimientos no busca culpables sino crecimiento. El alma no se enzarza en quién hizo qué, sino en avanzar a pesar de ello. La sabiduría del universo nos enseña un modo distinto de ver las cosas, una forma menos idílica, menos novelesca, pero más profunda y realista.

Qué opina la fuente creadora...
Si pudieras escuchar el pensamiento del Creador o Creadora dentro de ti sentirías más neutralidad, menos dolor y más fuerza. Porque lo débil debilita y lo fuerte fortalece.
Hoy, yo he mirado en mi interior huyendo de esas imágenes y vídeos que muestran el dolor humano. No me he quedado pegada al televisor viendo la desnudez de los que sufren ni regodeándome en las lágrimas de un niño que ha sobrevivido, pero se ha quedado solo. No quiero juzgar a quien abusa de perros en criaderos ilegales o gana dinero viéndolos morir en una pelea prohibida, pero ahora se deja encontrar por uno de ellos, tal vez el cachorro que desechó de una camada imperfecta. No voy a entrar en cuestiones que desconozco, que generan morbo o que solo me aportan culpabilidad por estar viva y sana o por tener casa, familia y trabajo.
¿Puede ser que ese sea el deseo de las fuerzas oscuras? ¿Es posible que los medios de comunicación, los monopolios y los grandes clubes secretos llenos de ricos codiciosos estén provocando estas emociones? Puede ser, no lo sé. Pero, si me alejo de mi humanidad y no pienso como un humano —como os pidió Kryon hace décadas—, puedo sentir que el sufrimiento se aplaca porque siento las respuestas claramente dentro de mí.
En mi corazón oigo una voz, la de la energía creadora de todo, que me susurra:
"Todo lo acontecido tiene el objetivo de promover una gran limpieza. Este planeta que habitáis no está pudiendo liberarse de las grandes densidades de desunión y lucha entre vosotros que provocáis, algunos a propósito, algunos sin saber. Es momento de sacudir las conciencias y el alma del planeta, que también tiene voto en el universo, da un latigazo que expresa la vida y la autonomía del planeta. No es vuestro, es un ser autónomo y libre. Hay que sumar los egoísmos humanos que van cercenando las entrañas del planeta. Robar los tesoros de la Madre por egoísmo tiene consecuencias, y quienes más las pagan son los más pobres, los que menos posibilidades tienen de crecer y mejorar, y los que menos esfuerzo hacen por cambiar su situación. Eso sirve para que los más afortunados se den cuenta —os deis cuenta— de las diferencias sociales y sus causas. Sirve para que, sin culpa, os unáis a los más desfavorecidos y os hagáis iguales a ellos. En esta ocasión os han tocado distintos puntos de Gaia para nacer, pero ¿y si tú hubieras nacido allí donde la Tierra acaba de abrirse? ¿Qué harías? ¿Qué necesitarías?
Yo solo te pido consciencia
No levantamos escombros, no buscamos fallecidos, como tampoco provocamos cataclismos, ni maremotos, ni tifones. El planeta es libre y se comporta como quiere, no es esclavo de sus habitantes.
Estos hechos, vistos con tanto dolor por la parte menos verdadera del ser humano, la parte mortal, abren la puerta a la toma de consciencia y son un revulsivo, un estímulo necesario para el crecimiento y la solidaridad. Vivís adocenados en una realidad falsa, externa, a la que concedéis el poder de haceros felices —si es como la deseáis— o infelices —si no cumple vuestras expectativas—. Todo esto es un error. Lo único verdadero es el alma. El resto son hologramas, visiones tergiversadas de vuestra verdadera esencia —la consciencia— y de vuestro verdadero poder, que es total.
Ahora, ¿qué hay que hacer? Nuestros consejos han resonado en vuestros corazones desde el principio de los tiempos, pero no queréis escuchar. Hoy repito nuestro consejo:
Visualizad soluciones. Acompañad en el dolor a quienes lo necesitan. Agradeced todo lo que sois y tenéis, mucho más allá de lo que puede perderse en un seísmo. Enviad vuestra energía poderosa para ayudar no solo a los cuerpos, sino a las almas de todos los afectados por esta y otras catástrofes, pues vendrán más.
La vida es algo que pasa a tu lado mientras te enfocas en una meta material en vez de vivir. Ahora es el momento de valorar lo que realmente tiene valor. La unión tiene valor. La solidaridad tiene valor. La esperanza tiene valor. El amor tiene el mayor valor, pues es como un diamante que no se daña ni se pierde porque está dentro de ti.
¿Cómo recibir estos mensajes?
Si este mensaje me hubiera llegado hace veinte años habría dudado. Actualmente, tras más de una década recibiendo y entregando este tipo de canalizaciones o transmisiones, sé que no me equivoco: Dios nos habla. O los guías espirituales nos hablan. O los pleyadianos nos hablan. Por eso lo escribo y lo regalo. Por eso comparto lo que recibo desde la luz. Por eso no me asusta, ni me acompleja ni me avergüenza dedicar mi vida a canalizar la voz del universo y las voces de todo lo que vive. Y por eso mi pasión es enseñar a otros a confiar en su corazón para conocer las respuestas y no tener que depender de otros, ni siquiera de mí.
Hago esta pausa necesaria para salir del ligero trance en el que recibo las palabras que acabas de leer y confirmar que, sí, lo superviso, lo repaso y lo pregunto varias veces. Por eso sé que canalizo los pensamientos de diversos seres de luz y sé que estas palabras vienen de la Fuente. Y continúo:
Ve a tu propio corazón colocando en él una imagen del sufrimiento humano de tus hermanos. Haz en ti un espacio de luz dorada que limpie todo el dolor que están atravesando y que guíe a quienes han dejado la vida física en esta entrega para mejorar el mundo. Esa es tu responsabilidad: dejar de llorar y de opinar y hacer algo real por ellos. Guíalos hacia mis brazos, pues los espero con todos mis ángeles para enjugar sus lágrimas y agradecer sus vidas. Cada uno de ellos es necesario para el plan universal. La limpieza en la que han participado obliga a aumentar la consciencia del planeta y de todos los que quedáis. ¿Qué vas a hacer tú ahora tras su marcha? ¿Tendrás más consciencia, más solidaridad, más comprensión? ¿O dentro de tres días habrás olvidado que todos sois uno, que sois iguales y que lo que uno hace repercute en el resto? ¿Comprendes ya que sois células de un mismo organismo? ¿Entiendes que todos sois creados a partir de mí y volvéis a mí? ¿Aceptas que estos hechos no nacen de la ira divina ni del error humano, sino que suceden para que la humanidad dé un gran salto cuántico hacia más amor? Esa es tu tarea y estas son mis palabras para ti, que estás en mí como yo en ti y en cada ser que existe. Sigamos adelante. Yo siempre estoy.
A veces se me hacen difíciles de escribir y aún más de entender sus mensajes. Entonces, siento su apoyo y me parece percibir: un paso cada vez.
Ahora, después de escribir esto, corregir las erratas, colgarlo en el blog... Me perdono los errores que cometo: las prisas, el egoísmo, el juicio, la duda... Me perdono el leve temorcito al «¿qué dirán?».
Yo me debo al Padre, me debo a ti, que lees esto voluntariamente, y me debo a mí. Por eso yo lo escucho y lo escribo. Por eso tú lo lees.


